VIAJE A JAPÓN – IX CAMPEONATO DEL MUNDO DE KARATE SKIF


Delegación española

Álvaro, Charly y Miguelo, equipo Kata

Pantalla polideportivo

Ceremonia de apertura

Ceremonia de apertura

Jitte

Charly Kanku Dai

Jesús dando los últimos consejos

Exhibición niños

Jesús Enpi

Miguelo Kumite

Metropolitan Gymnasium


Ya puedes ver la galería de fotos del campeonato

Terminal 4 de Barajas, 1pm. Una pequeña marea roja se arremolina alrededor del puesto de Facturación 789 de Japan Airlines. Hay sonrisas nerviosas, ilusión y ánimo en las caras de los 26 componentes de la delegación española. Pero entonces todavía nos separaban unas 16 horas de vuelo al destino en Tokyo.

La Kenkyu- expedición
Por supuesto, el Ken Kyu Kai iba perfectamente representado por 7 de sus integrantes, dispuestos a exprimir hasta la última gota de este viaje único, en donde coincidían montañas de alicientes que lo han hecho especial: Karate, Japón, acontecimiento deportivo, grupo de amigos, 70 países participantes… ¡quién da más!

Y tal y como preveíamos, fueron 6 días intensísimos en Tokyo, en donde alternamos entrenamientos con paseos por el parque, exámenes con vistas panorámicas desde un rascacielos, campeonato con mercados y mucho sushi, reuniones corporativas con multitudes bajo miles de luces de neón… Se trataba de aprovechar cada minuto disponible. Prueba superada.

El Campeonato
Durante toda la semana hubo eventos previos al torneo, preparatorios, complementarios o de registro, con lo cual el ambiente que se respiraba desde el primer minuto en el que entrabas en el Metropolitan Gimnasium era de “aquí-se-está-montando-algo-grande”. Aquello era como unas Olimpiadas en pequeño: ceremonia de apertura con desfile de equipos, discursos, un hormiguero de gente con distintivo de la organización, un graderío generosamente lleno, 8 tatamis escrupulosamente ordenados con competiciones simultáneas, una megafonía políglota dando instrucciones precisas, y cientos de competidores uniformados dando espectáculo.

Las pruebas se desarrollaron desde el viernes, con las categorías inferiores y master, continuaron el sábado con todas las rondas clasificatorias de las categorías jóvenes y senior, tanto de Kata como de Kumite. Finalmente (nunca mejor dicho) el domingo se disputaban los encuentros entre todos los supervivientes de las distintas categorías, con finales muy emocionantes, reñidas y algunas espectaculares.

Todo el Campeonato ha sido una gran experiencia, tanto desde la arena, como desde la grada. Las sensaciones de los competidores previas a la salida al tatami son muy especiales, indescriptibles, distintas de uno a otro pero muy intensas. Desde el otro lado, desde el graderío, las cosas se disfrutan con más relajación, pero también con emoción. A una chica que nunca se lo hubiera imaginado se le escapa: “me está apeteciendo hacer Karate”. El público hace la ola en los ratos más tranquilos, se oyen vítores en todos los idiomas, y hasta se canta un “Macarena, oé” coreografiado al estilo Atlanta `96 (iniciado por las chicas de la hinchada española, of course).

El equipo español ha tenido un papel muy digno, con una medalla de Bronce en Kumite Femenino Junior, un sexto puesto en la final de Kata Individual Femenino, mientras que los representantes masculinos de las categorías de 18 y 19 años, se quedaron a las puertas de la final. El resto de competidores tuvieron una actuación buena, de entre los que hay que destacar a nuestro compañero Charly, que alcanzó la 3ª ronda clasificatoria y se quedó a una de entrar en las semifinales de Kata Individual, algo que quizá hubiera podido conseguir si no llega a tener la mala fortuna de encontrarse con Tanaka, vigente subcampeón del mundo hasta esa fecha.

Y mientras tanto
Al mismo tiempo, como os adelantaba anteriormente, pudimos visitar cantidad de lugares y ver las rarezas y contrastes de un Tokyo sorprendente: el barrio de Shinjuku en el que nos alojábamos, de rascacielos y negocios; Ikebukuro con sus centros comerciales y su vista panorámica nocturna a 60 pisos del suelo; la vuelta al pasado en los Jardines del Palacio imperial y el brusco regreso al futuro en el electrónico Akihabara; el Blade Runner de Shibuya y la experiencia de la hora punta japonesa en el metro; el maravilloso viaje en el tiempo a Kamakura, de templo en templo y tiro porque me toca; el paseo turístico espontáneamente guiado por Asakusa, su templo, su santuario y su mercado abarrotado; y tantas otras cosas que me dejo por el camino…

El postcampeonato
Y pasamos de la modernidad de Tokyo y su hotel en Shinjuku (frente al Park Hyat donde Scarlett Johansson y Bill Murray flirteaban en “Lost in Traslation”) a la tradición de la Milenaria Ciudad Imperial. De Tokio a Kyoto (distancia similar a Madrid-Sevilla, unos 550km) en 2 horas y media. El shinkansen o tren bala de pico de pato nos lleva volando sobre las casas y la agricultura japonesa.

En Kyoto nos alojamos en un Ryokan, casa tradicional japonesa. Sí, de esas con puertas correderas, suelo de estera y zapatos en la puerta. Una inmersión maravillosa en la cultura nipona. Fueron días llenos de experiencias autóctonas, durmiendo en futón, comiendo en lugares con mucha solera, moviéndonos en bicicleta, viendo fortuitamente a algunas geishas, bebiendo cerveza Sapporo y haciendo charlas nocturnas con sake. Por supuesto tuvimos la oportunidad de visitar Templos y Santuarios milenarios, de los más representativos y artísticamente más valorados de todo el Japón, algunos de ellos en Nara, pequeña ciudad a media hora de distancia y muy cercana a Osaka: nuestro último destino en Japón.

En Osaka pasamos un día y una noche, lo suficiente para conocer lo más representativo y empaparnos del ambiente de las calles. A esas alturas del viaje ya éramos unos expertos a la hora de movernos y de aprovechar el tiempo al máximo. Nos alojamos en la zona de marcha de la ciudad: mucho neón, mucho ruido y mucha gente. Por el día visitamos el alucinante Palacio Imperial de “la grulla blanca” y al anochecer subimos al rascacielos más impresionante de todo el viaje, el Edificio Umeda-Sky, con un ascensor transparente de infarto y unas vistas en la azotea para no bajar nunca (sobre todo si pensabas en el ascensor que te esperaba). Como traca final japonesa, aparte de las compras de rigor, fuimos a cenar y después al esperado Karaoke, donde nos marcamos unos singings de lo más desmelenados, eso sí, no nos atrevimos con las empalagosas canciones del pop japonés y nos lanzamos al interminable directorio de canciones internacionales (entre las que se cuentan grandes hits como “antes muerta que sencilla”). En fin, un momento gracioso como colofón antes de nuestro regreso al lujoso ryokan de Osaka. Y desde allí hasta Madrid, vía Londres y su estresante Heathrow, en donde volar es lo más parecido a un ingreso en Alcatraz.

¿Quién no se apunta al siguiente Mundial? ¡Nosotros, sí!

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